




La inclusión financiera suele sonar como un concepto técnico y lejano, pero en el corazón de nuestra última actividad, se sintió como algo profundamente humano y transformador. Bajo el nombre «Mi Bolsillito», nos propusimos algo más ambicioso que enseñar a ahorrar: buscamos cambiar la relación de cada integrante de REME con su propio esfuerzo.
La jornada comenzó con una pregunta sencilla pero poderosa que flotó en el aire, provocando silencios reflexivos: ¿Realmente sabemos cuánto nos cuesta producir lo que vendemos? A través de la dinámica de «Mi Bolsillito», las participantes no solo abrieron una herramienta digital o una libreta de cuentas; abrieron una ventana a la realidad de sus negocios. El ejercicio consistió en identificar esos «gastos hormiga» y esas fugas de capital que, gota a gota, vacían el bolsillo del emprendedor sin que este lo note.
El desarrollo de la actividad fue un baile entre la teoría y la práctica:
Ordenando la Casa: Aprendimos a separar, de una vez por todas, las finanzas del hogar de las finanzas del negocio. Entender que el emprendimiento no es una «caja menor» para los gastos diarios fue el primer gran descubrimiento de la tarde.
El Celular como Contador: Usando el dispositivo móvil como aliado, exploramos herramientas sencillas para el registro de ingresos y egresos. La magia ocurrió cuando las participantes vieron, representados en números claros, el potencial real de sus ganancias si se gestionaban con disciplina.
Lo que presenciamos no fue solo una clase de economía básica; fue un ejercicio de empoderamiento. Al comprender su flujo de caja, las emprendedoras de REME dejaron de «ver qué pasa» para empezar a decidir qué pasa.
La Conclusión: «Mi Bolsillito» no se trata solo de guardar monedas. Se trata de entender que cada peso bien administrado es un ladrillo en la construcción de un sueño más grande.
Hoy, las participantes no solo llevan una herramienta de registro en su celular; llevan la seguridad de que el fruto de su trabajo está protegido, organizado y, sobre todo, listo para crecer.
Porque cuando el bolsillo está en orden, el emprendimiento tiene permiso para volar.